“La Resiliencia: Educar en la posibilidad, no en la imposibilidad”

La resiliencia es la capacidad de reponerse después de vivir una experiencia emocional negativa. Dos personas pueden haber sufrido la misma situación (pérdida familiar, acoso, abuso, enfermedad, …) pero a una le puede afectar emocionalmente en todas las áreas de su vida y perdurar mucho en el tiempo, mientras que el otro, a pesar del sufrimiento normativo inicial, no presentar tantas secuelas e ir construyendo su vida de nuevo con más facilidad. Esta diferencia entre las dos personas se debe a la capacidad de resiliencia. Y pensaréis, la resiliencia es genética? es ambiental? entrena? No. La resiliencia también se puede educar.

Exponemos un ejemplo. “El autobús me ha cerrado las puertas en la cara y no me ha esperado”. En esta frase ya damos por hecho que el conductor del autobús tiene la obligación de esperarse y yo soy la víctima. También puedo ir más allá y generalizar diciendo que “los conductores de autobuses no tienen consideración”. Al hecho de atribuir la causa, y por tanto, la responsabilidad de una situación a una persona o hecho externo se llama locus de control externo. En cambio, si yo pienso que para evitar esta situación “debería haber salido de casa antes” estoy poniendo énfasis en que yo tengo una parte de responsabilidad en la situación negativa (locus de control interno).

Hay personas que tienen más tendencia a presentar un locus de control externo, lo que hace que, por un lado, siempre damos la culpa a los demás no siendo conscientes de que nosotros tenemos parte de responsabilidad o no quieren asumirla (es más sencillo , rápido y fácil mirar hacia otro lado), pero a la larga, el hecho de dar la causa de las situaciones desagradables a personas o hechos externos provoca desesperanza e impotencia, ya que si yo pienso que la culpa es del resto y yo no tengo nada que ver, no podré hacer nada para cambiar las cosas, sólo esperar a la suerte.

En cambio, las personas que tienen tendencia a la atribución de causas interna, intentan cambiar las circunstancias desde dentro, pensando que siempre pueden intentar hacer algún movimiento en su rutina o en sus vidas para mejorar la situación. Cabe decir que, en exceso todo es malo, y las personas que siempre atribuyen las causas a la propia persona, pueden caer en el riesgo de burnout, sentimiento de culpa y depresión.

En cualquier caso, el mensaje o posición a dar es que, si nuestros hijos nos escuchan siempre dando la culpa de los hechos a los otros (el otro progenitor, la escuela, maestros, monitores, etc) estarán educando en la no responsabilidad o no posibilidad de cambio desde la propia persona. En cambio, si nuestros hijos viven día a día como nosotros intentamos encontrar soluciones a nuestros problemas en vez de resignarnos o lamentarnos, aprenderán que siempre hay opciones que pensar, decisiones que tomar o CAMINS para empezar.

Por otro lado, vivimos con el miedo de que nuestros hijos no vivan situaciones negativas, no nos vean sufrir nunca, no sepan que estamos tristes, preocupados o enfadados. Nunca podremos evitar que nuestros hijos experimenten el dolor, pero si enseñarles a reponerse. Si piensan que las personas de los alrededores (padres) viven una vida sin dificultades, a la mínima dificultad que experimenten se sentirán confundidos, tendrán miedo y se sentirán “desafortunados”, en cambio si conciben las dificultades como una realidad, estarán más preparados para enfrentar -se con seguridad y adaptarse a los cambios que van surgiendo de manera espontánea.

Andrea García Cabrera

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